The Invisible Man, llevando el gaslighting al extremo
- Destapemos la Olla

- 13 may 2020
- 3 min de lectura
El origen del término gaslighting proviene de una obra de 1933, en la que la protagonista es constantemente manipulada por su esposo hasta hacerla creer que se está volviendo loca. Este es un comportamiento recurrente en las relaciones abusivas en las que el agresor incluso puede llegar a convencerte de haber imaginado o exagerado el maltrato que ha infligido en tu contra. The Invisible Man, una adaptación que obedece a las problemáticas coyunturales de estos tiempos, nos muestra cómo la relación de Cecilia, magníficamente interpretada por Elizabeth Moss, con un hombre multimillonario y experto en el campo de la óptica, la persigue incluso aún después de su aparente suicidio.
La trama es la siguiente: Cecilia logra escapar (por poco) de la casa en la que básicamente estaba confinada con él, su mejor amigo le da refugio y dos semanas después su hermana le cuenta que ya puede estar tranquila porque su esposo se suicidó. Se le otorga una herencia y no pasa mucho hasta que empieza a sentir que alguien la observa, y gracias a su forma de racionalizar lo que estaba sucediendo decide contarle a su hermana y a su mejor amigo que él sigue merodeando por ahí, que se las ha arreglado para no poder ser visto y que sabe que él, siendo experto en óptica, es capaz de hacer algo así porque, además, se lo había advertido. Nadie le cree, incluso ataca a su hermana en un lugar público y la culpan a ella, la consideran loca y la internan en una institución mental, allí el hermano del aparentemente difunto le propone que todo lo que está sufriendo puede tener fin si acepta tener al bebé y volver con su esposo (sí, el man la embarazó sin su consentimiento).
Siento que esta adaptación era necesaria porque evidencia hasta dónde puede extenderse el abuso que sufre una mujer dentro de una relación sexo afectiva, además de responder a una coyuntura en la que tenemos movimientos como el #MeToo y el performance mundialmente conocido Un violador en tu camino, gracias a los que muchas mujeres encontraron valor para poder hablar sobre las situaciones de abuso a las que habían sido sometidas en voz alta, sintiendo la empatía y el respaldo de muchas otras mujeres que habían pasado por lo mismo.
The Invisible Man muestra un gaslighting llevado al extremo, nos muestra a un tipo que es capaz de volverse invisible y fingir su muerte solo para atormentar a la mujer que se atrevió a huir de él y sus agresiones. Pero no solo eso, también nos muestra la reacción de todas las personas a su alrededor, quienes ni por un momento se detuvieron a razonar lo que ella les manifestaba, aun siendo la que más lo conocía y por lo tanto sabía hasta donde era capaz de llegar. Primero la internaron en una institución antes de preguntarle qué era lo que ella creía que estaba pasando. Lo cual también nos recuerda a aquellas épocas en las que las mujeres eran diagnosticadas con histeria femenina por expresar emociones fuertes y cuyo tratamiento era la estimulación sexual por considerar que esta histeria era característica de un deseo sexual reprimido, ¿les suena familiar el argumento de la falta de sexo?
Es innegable que muchas de nosotras hemos pasado por este tipo de situaciones, en las que no solo somos víctimas del gaslighting que proviene de quien nos maltrata, sino de las personas a las que recurrimos en busca de apoyo. Nos llaman exageradas, débiles, histéricas. Muchas hemos sentido la desesperación de sentir que pedir ayuda es tan inefectivo como gritar bajo el agua, como hablarle a un sordo. Pero duele mucho más, porque sabemos que las personas a quienes buscamos no están sordas, ni bajo el agua. Nos sentimos invalidadas, irrelevantes, como si nuestros testimonios, nuestras posturas, nuestra lucha no fuesen fruto de unas problemáticas estructurales y comportamientos sistemáticos.
Esta situación, que es de carácter histórico, es lo que hace que las redes que se tejen entre mujeres sean tan valiosas y fundamentales para una sociedad democrática. Son alianzas que se forman para sobrevivir la asfixia de la violencia machista en nuestra contra. Nos inventamos los espacios seguros por allá en los 80’s y ahí fue cuando las teóricas más importantes del feminismo descubrieron que estos sentires no eran fruto de experiencias individuales sino de experiencias individualizadas, que no es lo mismo. Por esto es importante hablar, comunicar, ser tomadas en serio, porque solo así podemos ver cuál es la raíz del problema, de nuestra opresión.
Valentina Castro "Riot", corrección de estilo por Laura López.



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